HOMENAJE AL DOCTOR JORGE CAVELIER

Autores/as

  • Guillermo Rueda Montaña Academia Nacional de Medicina

Palabras clave:

Jorge Enrique Cavelier, Academia Nacional de Medicina, Historia de la Medicina

Resumen

(Palabras del doctor Guillermo Rueda Montaña, durante el entierro del doctor Jorge Cavelier, el 25 de junio de 1978).

Señores:

Cuentan viejos relatos indígenas, de la "Tierra de los árboles inmensos", que en los grandes bosques se produce un silencio total de muchas horas, cuando cae uno de esos titanes. Varias veces centenario. Como si la tierra y todas sus criaturas recibieran el impacto y el profundo dolor de la caída de un ser aparentemente inmortal. Así nosotros, absortos y asombrados, presenciamos el derrumbe de este otro gigante que proyectó su sombra sobre el Territorio Nacional, y se constituyó por sus ejecutorias, en figura casi mística en la Medicina Colombiana.

Pues fue JORGE CAVELIER el hombre - acción. Si hubiera vivido en el Egipto clásico, habría construído una pirámide, si en los tiempos medioevales, habría emprendido una cruzada o levantado una Catedral.
Tenía una visión muy clara y era capaz de traducirla a fuerza de mandobles si fuere necesario, en una obra de interés común.
La hercúlea conformación de su raza, mezcla de celtas y vikingos, creadora de marinos, de hombres de acción, de grandes capitanes, lo impulsaba a la ejecución.
Cuando se fijaba una meta, siempre orientada hacia el progreso de la comunidad, se lanzaba en procura sin que ningún obstáculo pudiera detener el impulso emocional de su voluntad ejecutiva. Así también, con esa misma garra, se enfrentó a la muerte, a rompe y rasga, sin cuartel, sin concesiones, porque quería vivir, para continuar haciendo.

Esos ojos profundamente azules, que en tantas ocasiones reflejaron la ira, cuando algo o alguien se interponía en el camino de su férrea voluntad, eran también capaces de brillar emocionados cuando se tocaba sus más íntimas fibras de aguda sensibilidad social y
completa solidaridad humana.
Fué intemperante y fue soberbio, pero fue grande en sus propósitos. Jamás concibió nada pequeño, ni en lo material, ni en lo espiritual. Su propio mundo de acción y movimiento, tallado a su imagen y semejanza, no le permitía detenerse en pequeñeces. Cabalgaba
contra el tiempo, y este no le era suficiente para sus designios. Por eso no podía detenerse en minucias, jamás fue mediocre, ni toleró la mediocridad.

JORGE CAVELIER pasa al Panteón de los grandes de Colombia, su excepcional condición humana así lo impone, sus valiosos servicios a la Patria así lo demandan, y el profundo rastro que deja de su paso  por la vida, así lo decide.

La CRUZ ROJA COLOMBIANA, que le debe casi todo, ya no será la misma. Será imposible ocupar el inmenso vacío que deja la desaparición del titán. Ocuparemos su sitio, mas no lo reemplazaremos.
Como las criaturas del bosque milenario, permaneceremos silenciosos y cavilantes ante el majestuoso y doloroso espectáculo de su caída.

Descanse en Paz.

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Biografía del autor/a

Guillermo Rueda Montaña, Academia Nacional de Medicina

Académico

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Publicado

1979-06-02

Cómo citar

[1]
Rueda Montaña, G. 1979. HOMENAJE AL DOCTOR JORGE CAVELIER. Medicina. 2, 1 (jun. 1979), 89–90.