¿Qué leía el doctor Juvenal Urbino en El amor en los tiempos del cólera?

  • Pablo Roselli Fundación Cardioinfantil
Palabras clave: Juvenal Urbino, El amor en los tiempos del cólera, Pablo Roselli

Resumen

Fragmento Curiosear lo que otros leen para luego hacer conjeturas sobre el carácter del lector es una manía de muchos amantes de la literatura. Esta costumbre puede ser asertiva en algunas ocasiones, pero en otras, una ligereza. Tan ligera, como tratar de descifrar la personalidad de un individuo por su forma de caminar, de vestir, de llevar el sombrero, o como lo sugirió Franz Joseph Gall, fisiólogo y anatomista alemán, quien a mediados del siglo XVIII decía conocer las habilidades de un individuo con el estudio de su morfología cefálica. Según Gall, con examinar el cráneo de un individuo, se podía saber si era un genio musical, un oligofrénico o un psicópata. Por fortuna, sus ideas no pasaron el examen de la historia y se olvidaron al poco tiempo. Pero, a propósito de la lectura de los otros, en El amor en los tiempos del cólera, el doctor Juvenal Urbino tenía dos libros al alcance de su mano antes de morir durante el rescate del loro esquivo en el patio de su casa. Eran La incógnita del hombre, de Alexis Carrell, y La historia de San Michele, de Axel Munthe. “Este último no estaba todavía abierto, y le pidió a Digna Pardo, la cocinera, que le llevara el cortapapeles de marfil que había olvidado en el dormitorio. Pero cuando se lo llevaron ya estaba leyendo La incógnita del hombre, en la página marcada con el sobre de una carta: le faltaban muy pocas para terminarlo. Leyó despacio, abriéndose camino a través de los meandros de una punta de dolor de cabeza que atribuyó a la media copita de brandy del brindis final. En las pausas de la lectura tomaba un sorbo de limonada, o se demoraba ronzando un pedazo de hielo. Tenía las medias puestas, la camisa sin el cuello postizo y los tirantes elásticos de rayas verdes colgando a los lados de la cintura, y le molestaba la sola idea de tener que cambiarse para el entierro. Muy pronto dejó de leer, puso el libro sobre el otro, y empezó a balancearse muy despacio sobre el mecedor de mimbre, contemplando a través de la pesadumbre las matas de guineo en el pantano del patio, el mango desplumado, las hormigas voladoras de después de la lluvia, el esplendor efímero de otra tarde de menos que se iba para siempre.”

Biografía del autor/a

Pablo Roselli, Fundación Cardioinfantil
Médico ortopedista infantil, Fundación Cardioinfantil, Fundación Santa Fe de Bogotá. Miembro correspondiente Academia Nacional de Medicina de Colombia
Publicado
2021-07-18
Sección
Carta al editor