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Luis Felipe Fajardo (1927-2013). Su vida y su obra1

Hernando Sarasti Obregón2, José Félix Patiño Restrepo3

 

Dr. LUIS FELIPE FAJARDO (1927-2013)

Teniendo en cuenta los grandes logros de este médico colombiano, en la Academia Nacional de Medicina se le rindió un homenaje a su memoria. Los ponentes de la sesión fueron los académicos Sarasti y Patiño. Por lo importante del tema, hemos querido incluir sus presentaciones en este artículo de la revista MEDICINA. El tema tocado por el doctor Sarasti fue el siguiente:

El 5 de julio de 2013 falleció en los Estados Unidos en la ciudad de Palo Alto, California, el patólogo colombiano Dr. Luis Felipe Fajardo Lobo- Guerrero. Había nacido en Bogotá el 23 de enero de 1927 en el hogar de Don Luís Antonio Fajardo Suárez y Doña María Teresa Lobo-Guerrero.

Se graduó como Bachiller en el Colegio de La Salle en 1944, hizo su medicatura rural en Restrepo (Meta) y recibió el título de Médico en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia en 1952. Inició su entrenamiento en Patología en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá y lo continuó en los Estados Unidos en la Universidad de Yale entre 1954 y 1958. Ese mismo año fue certificado por el American Board of Pathology, contrajo matrimonio con Lorela Enterline y regresó a Colombia a ejercer su especialidad en el Hospital de la Samaritana.

En noviembre de 1959 volvió a los Estados Unidos para ocupar un “locum tenens” en Connecticut en el New Britain General Hospital y regresó nuevamente a Colombia en octubre de 1960 como Profesor Asistente de Patología de la Universidad Nacional al mismo tiempo que fue Jefe del Laboratorio Clínico del Hospital San Juan de Dios.

El Dr. Fajardo y el suscrito formábamos parte de la generación de médicos colombianos que hacia mediados del siglo XX viajamos a los Estados Unidos para especializarnos en diversas ramas de la Medicina.

En mi caso personal, cuando completé mi entrenamiento en Medicina Interna y Hematología a mediados de 1961, regresé a Colombia, y fui nombrado Instructor Auxiliar y Jefe del Departamento de Hematología del Hospital San Juan de Dios.

Allí conocí al Dr. Fajardo y de inmediato establecimos una estrecha colaboración profesional así como una muy grata amistad personal.

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1. Presentado en la Academia Nacional de Medicina en una Sesión Solemne, julio 27 de 2017. El doctor Fajardo ingresó a la Academia como miembro correspondiente en 1975, bajo la presidencia del académico Santiago Triana Cortés.
2. Internista y Hematólogo. Miembro Correspondiente, Academia Nacional de Medicina de Colombia.
3. Cirujano General, FACS (Hon), Miembro Honorario, Academia Nacional de Medicina de Colombia.

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Las primeras biopsias de médula ósea

Teniendo como base el Laboratorio Carrión y en asocio con el Dr. César Mendoza (1925-1984), quien había regresado de Boston después de un período de especialización con el Dr. William Dameshek, dedicamos nuestros primeros esfuerzos a desarrollar en el Hospital San Juan de Dios los procedimientos de laboratorio que son indispensable para el diagnóstico y manejo de las enfermedades de la sangre.

Por primera vez en la historia de la institución se comenzaron a practicar los mielogramas por aspiración como un examen de rutina y acumulamos en unos pocos meses centenares de muestras de una gran variedad de trastornos hematológicos.

En cierto número de casos tropezábamos con la muy conocida dificultad de las “aspiraciones en blanco”, o sea cuando a pesar de repetidos esfuerzos no se lograba obtener material por aspiración, lo que se interpretaba erróneamente como evidencia de “aplasia medular”.

Coincidencialmente, en 1960, durante mi última etapa de entrenamiento, había trabajado con los Drs. Wallace Jensen y Maxwell P. Westerman en el Departamento de Hematología del Presbyterian Hospital de la Universidad de Pittsburgh y tuve oportunidad de familiarizarme con la aguja que habían desarrollado para practicar biopsias de la medula ósea y que se conoce como la aguja de Westerman-Jensen.

Al regresar a Colombia, Max Westerman me obsequió dos de esas agujas y con la entusiasta colaboración del Dr. Fajardo como patólogo emprendimos un estudio comparativo del material obtenido por aspiración con las biopsias tomadas con la aguja de Westerman-Jensen.

Estábamos convencidos de que las dos técnicas eran complementarias ya que el aspirado permitía estudiar la citología de los componentes medulares y la biopsia mostraba además la arquitectura histológica de la medula.

Esta fue la primera vez que se practicaron biopsias de medula ósea en Colombia y los resultados de los primeros 117 casos de nuestro trabajo conjunto los presentó en San Salvador el Dr. Fajardo en el IV Congreso Latinoamericano de Anatomía Patológica en diciembre de 1963 (1).

Más tarde, en un artículo que publicamos en la revista California Medicine en agosto de 1972, describimos las características de la aguja y la técnica para practicar el procedimiento (2).

Comprobamos que la biopsia de medula ósea era indispensable para establecer el diagnóstico de entidades tales como la mielofibrosis, la presencia de metástasis, las aplasias medulares y el estadio de los linfomas así como todas aquellas patologías que al invadir la medula ósea llevan a un proceso de mieloptísis.

Una biopsia medular tomada a un joven agricultor con hepatomegalia, esplenomegalia, fiebre y anemia, permaneció por error sin procesar en una caja de Petri durante varios días, y para gran sorpresa de la laboratorista desarrolló un abundante crecimiento de hifas de un hongo desconocido.

El hongo resultó ser Histoplasma capsulatum ya que se trataba de un caso de histoplasmosis sistémica diagnosticado accidentalmente mediante la biopsia de medula ósea.

 

El laboratorio clínico de San Juan de Dios

Como Director del Laboratorio Clínico del Hospital San Juan de Dios, el Dr. Fajardo adelantó una gran campaña de modernización tanto de la instrumentación como de los procedimientos.

Actualizó las áreas de microbiología y bioquímica, reorganizó el banco de sangre y por primera vez en Colombia Instaló un contador automático de eritrocitos y leucocitos para reemplazar los muy primitivos recuentos manuales que se continuaban practicando rutinariamente desde comienzos del siglo XX.

Esta profunda trasformación del Laboratorio Clínico hizo que el Dr. Fajardo fuera uno de los principales protagonistas del proceso de cambio que sufrió el Hospital San Juan de Dios durante los años 60, cuando evolucionó hacia el modelo de medicina norteamericano.

 

Hospital Militar Central

En 1962 se retiró del Hospital Juan de Dios para asumir la Jefatura del Departamento de Patología del recién inaugurado Hospital Militar Central, en ese momento el más moderno y mejor dotado del país.

Durante los siguientes tres años, con inteligencia y tenacidad admirables, logró colocar su Departamento al mismo nivel que podría tener en esa época una entidad similar en los Estados Unidos.

Mención especial merecen sus esfuerzos por actualizar las pruebas de coagulación, indispensables para el desarrollo en nuestro medio de este muy importante campo de la Hematología.

A ese respecto, logró que en 1964 el Hospital Walter Reed enviara en comisión al Hospital Militar al Mayor L.R. Hieger, su mayor experto en pruebas de coagulación, para que durante cuatro semanas organizara todo lo relacionado con estas nuevas técnicas.

Para asegurar la continuidad del programa, entrenó además a dos laboratoristas del hospital para que continuaran realizando las pruebas después de su regreso a los Estados Unidos.

A partir de esa época, y por primera vez en nuestro medio, fue posible diagnosticar con exactitud las deficiencias congénitas y los trastornos adquiridos de los diversos factores de coagulación y contar con un laboratorio de referencia para todo lo relacionado con estos exámenes.

Después del retiro del Dr. Fajardo permanecí tres años más en el Hospital San Juan de Dios, pero a pesar de la separación geográfica continuamos manteniendo un interés común en la Hematología y con frecuencia me invitaba a visitar su departamento y a participar en las reuniones y conferencias que organizaba en el Hospital Militar.

 

Vinculación a la Universidad de Stanford

Por diversos motivos tanto personales como profesionales, el Dr. Fajardo regresó a los Estados Unidos en 1965 y fue nombrado inicialmente miembro, y más tarde Jefe, del Departamento de Patología y del Laboratorio Clínico, del Hospital de Veteranos de Palo Alto, California.

Este Hospital está afiliado a la Universidad de Stanford y fue allí donde inició su vinculación a esta prestigiosa institución, siendo nombrado Profesor Asistente de Patología en 1966, Profesor Asociado en 1972, Profesor Titular en 1984 y en 2005, a los 78 años de edad, Profesor Emérito.

 

La producción científica del doctor Fajardo

Desde su época de estudiante de Medicina y a todo lo largo de su carrera profesional el Dr. Fajardo fue un investigador incansable.

Su primer artículo lleva por título “Estudio microscópico del sedimento gástrico” y fue publicado en la Revista de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia en 1950 (3)

Entre 1956 y 1965 aparecen en diversas revistas médicas colombianas un total de doce artículos de su autoría, incluyendo los primeros reportes en nuestro país de casos de criptococosis, de enfermedad de Gaucher y de favismo.

Su primer artículo en la literatura médica internacional apareció en el American Journal of Obstetrics and Gynecology en octubre de 1957 (4) reportando el caso de una embarazada con deficiencia congénita de factor V de la coagulación.

En 1966, cuando ya estaba ejerciendo su profesión en los Estados Unidos, publicó en el American Journal of Physiology and Anthropology (5) los resultados del primer estudio realizado en nuestro país sobre la distribución de los antígenos A, B y D recogiendo la información obtenida en 30.000 muestras del banco de sangre del Hospital Militar Central.

 

El enigma  de las macroplaquetas

En alguna ocasión me comentaba el Dr. Fajardo que al estudiar la sangre periférica de soldados colombianos durante las crisis hemolíticas del paludismo, le había llamado la atención la presencia de abundantes macroplaquetas.

Años más tarde, cuando ya estaba al frente del departamento de Patología del Hospital de Veteranos de Palo Alto, observó el mismo fenómeno en soldados norteamericanos que regresaban de Vietnam también con paludismo.

Reportó este hallazgo en 1971 en la revista Military Medicine bajo el título de “Platelet enlargement in malaria” (6) y en 1973 en el US Army Research and Development Command Report (7) con el título de “Platelet abnormalities in malaria”.

Para esta época ya tenía experiencia en las técnicas de microscopía electrónica y pudo demostrar que el Plasmodium berghei del ratón parasita no solamente los eritrocitos sino también las plaquetas, así como documentar con microfotografías la presencia de fragmentos de Plasmodium en plaquetas de pacientes con paludismo.

Esta era la primera vez que se describía este fenómeno en plaquetas de mamíferos ya que anteriormente solo se había observado en los trombocitos nucleados de reptiles.

La aparición de macroplaquetas en los pacientes palúdicos era por lo tanto el resultado de su destrucción durante las crisis y el consiguiente estímulo a la liberación de formas inmaduras.

La prestigiosa revista inglesa Nature publicó este hallazgo en su edición del 1º de junio de 1973 (8) y la consideró de tal originalidad e importancia que reprodujo en su portada la microfotografía tomada por el Dr. Fajardo que comprobaba su descubrimiento.

 

Los rayos X y la radioactividad

El descubrimiento de los rayos X por Konrad Röentgen en 1895, del fenómeno de la radioactividad por Henri Becquerel en 1896 y de los elementos radioactivos polonium y radium en 1898 por Paul y Marie Curie, tuvo una enorme trascendencia en el campo de la física.

En las siguientes décadas se encontraron importantes aplicaciones médicas de estas radiaciones, tales como los rayos X que permitieron visualizar las estructuras internas del organismo, la Radioterapia que se convirtió en una de las modalidades básicas para el tratamiento del cáncer, y los radioisótopos que resultaron de enorme utilidad en numerosos procedimientos diagnósticos y terapéuticos.

Trascurrió sin embargo algún tiempo antes de que se evidenciara que estos misteriosos rayos invisibles tenían un serio impacto sobre los tejidos vivos, y fue así como durante las primeras décadas del siglo XX un gran número de pacientes recibieron altas dosis de radiación sin protección alguna.

Paul Curie ya había observado que una corta irradiación superficial producía un eritema transitorio, pero más tarde se constató con alarma que exposiciones repetidas causaban severas necrosis de los tejidos expuestos.

La noticia que realmente impactó a la comunidad científica fue cuando Marie Curie y su hija Irene desarrollaron cuadros leucémicos como resultado de su exposición prolongada a fuentes de radium.

Se comenzó a crear conciencia de la necesidad de adoptar medidas para proteger tanto a los pacientes como al personal médico y en 1924 se establecieron las primeras recomendaciones empíricas sobre dosis máximas tolerables.

En 1945 como resultado de los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, cientos de miles de personas recibieron dosis variables de radiación y un seguimiento cuidadoso de la incidencia de leucemia y tumores sólidos en esta población demostró más allá de cualquier duda el efecto carcinogénico de las radiaciones ionizantes.

Era urgente investigar de manera sistemática y a un nivel básico los efectos biológicos de la radiación y esto llevó a la aparición de nuevas ramas de la Física como la Radiofísica, la Radiobiología, y la Física Médica y a la promulgación de estándares cada vez más estrictos sobre las dosis máximas tolerables.

Todas estas investigaciones requerían observar y documentar los cambios morfológicos que ocurren en los tejidos vivos por acción de las radiaciones ionizantes y a esta nueva rama de la Patología se le dio el nombre de Patología de la Radiación.

Nuestro compatriota el Dr. Luís Felipe Fajardo fue un personaje decisivo en la creación y desarrollo de esta especialidad.

 

La  Radioterapia en la Enfermedad de Hodgkin

La enfermedad de Hodgkin descrita por primera vez en 1832, se consideró incurable hasta mediados del siglo XX, pero con la aparición de equipos que permitían tratarla con altas dosis de radioterapia comenzaron a lograrse curaciones totales que cambiaron radicalmente el pronóstico y el manejo de la enfermedad.

Preocupaba que esta irradiación intensiva del mediastino comprometía también al corazón y a sus estructuras adyacentes y en 1967, en colaboración con otros tres investigadores de la Universidad de Stanford el Dr. Fajardo publicó un artículo sobre este importante tema con el título de “Heart disease following radiation” en la revista Medicine ( 9 ).

Aunque ya se habían reportado de manera aislada casos de lesiones cardíacas como consecuencia de la irradiación, este artículo fue la primera revisión extensa y detallada de los hallazgos patológicos en pacientes sometidos a altas dosis de radioterapia.

Encontraron que en cierto número de pacientes se desarrollaba un cuadro de pericarditis aguda que podía evolucionar hacia una pericarditis constrictiva y observaron también cambios de fibrosis difusa en el miocardio.

Reportaron el caso de un adolescente de 15 años con severa arterioesclerosis coronaria, planteando la posibilidad de que hubiera sido desencadenada por la irradiación.

Se abría un campo inexplorado de la patología y esto motivó al Dr. Fajardo a estudiarlo experimentalmente en conejos y a publicar un año más tarde en Radiology (10), un estudio sobre los cambios que se producían en el músculo cardíaco de estos animales cuando eran sometidos a irradiación.

En 1968 en los Archives of Pathology (11) aparece otro artículo suyo con el título de “Morphology of Radiation induced heart disease” en el que recopila todos los conocimientos que había hasta ese momento sobre las lesiones inducidas por las radiaciones ionizantes.

Con estas publicaciones el Dr. Fajardo se había convertido para esa época en el investigador más reconocido en la patología de la radiación y el Journal of the American Medical Association (JAMA) lo invitó a escribir un editorial sobre el tema que apareció en dicha revista el 2 de diciembre de 1968 (12).

En 1970, en el American Journal of Pathology (13) publicó una revisión sobre las lesiones cardíacas inducidas experimentalmente por la irradiación, y en 1971 en las Radiological Clinics of North America (14) otro trabajo sobre el mismo tema.

Durante la siguiente década, en un impresionante despliegue de actividad investigativa, publicó en diversas revistas de especialidad un total de 24 artículos sobre patología de la radiación convirtiéndose en el más prolífico de todos los investigadores que trabajaban en ese campo.

Esta etapa de su carrera científica culminó con la publicación de un libro en 1982 con el título de “Pathology of Radiation Injury” (15) que se convirtió de inmediato en la obra de referencia más importante sobre la materia.

Escribió un total de veinte capítulos en libros, presentó más de ochenta abstractos en diversos congresos y reuniones científicas y organizó los cursos sobre patología de la radiación en las reuniones anuales de la International Academy of Pathology desde 1981 hasta 1985.

Además de sus substanciales aportes a la patología de la radiación el Dr. Fajardo publicó durante su larga carrera numerosos artículos sobre gran variedad de temas tales como la angiogénesis, la hipertermia, y el paludismo cerebral experimental.

Mención especial merece la publicación en 1996 del extraordinario caso de una gran masa abdominal en un paciente inmunosuprimido que resultó ser la proliferación anómala de la larva de una tenia (16).

A lo largo de más de sesenta años de actividad profesional, el Dr. Fajardo publicó un total de 140 artículos.

Fue invitado como Profesor Visitante a la Universidad de Utah en 1974 y 1985, a la Universidad de Yale en 1978, a la Universidad de Ginebra en Suiza en 1986, a la Universidad de Michigan en 1990 y a la Universidad de Oxford en 1991.

Fue acogido como miembro de numerosas sociedades científicas tales como la American Society for Therapeutic Radiology and Oncology, la International Academy of Pathology, y la Radiation Research Society, y nombrado Fellow de la Royal Society of Tropical Medicine en 1975.

En marzo del mismo año durante una visita a nuestro país, fue recibido como miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina de Colombia con un trabajo sobre las plaquetas en el paludismo, dándole la bienvenida a la institución el Dr. Luís Patiño Camargo.

En el 2001, nueve años después de la aparición de su primer libro coronó su carrera científica con la publicación por la Oxford University Press de “Radiation Pathology” (17) escrito en colaboración con M. Berthrong y R.E. Anderson que sigue siendo el texto más autorizado y definitivo que se haya escrito hasta el momento sobre la patología de las radiaciones ionizantes.

A partir de esta época y ya como Profesor Emérito, el Dr. Fajardo continuó adelantando trabajos de investigación sobre temas tales como las consecuencias de la irradiación intracoronaria y los efectos de las radiaciones sobre la angiogénesis.

Debe anotarse que a pesar de sus quebrantos de salud mantuvo hasta el final de su vida su actividad como Jefe del Laboratorio de Patología y de los Servicios de Laboratorio del Hospital de Veteranos de Palo Alto, completando en esa posición un total de 48 años.

Su fallecimiento ocurrió en dicha ciudad el 5 de julio del 2013 a la edad de 86 años, sobreviviéndolo su esposa, Lorela Enterline, sus tres hijos, Anna- Luisa, Marta y Andrés, y sus cinco nietos.

Durante toda su vida fue un gran amante de la naturaleza, miembro del Sierra Club, tenista, excursionista, escalador y fotógrafo aficionado. Fue ante todo una persona profundamente idealista y humanitaria, características que compartía plenamente con su esposa y que heredaron todos sus hijos. Anna-Luisa ha sido profesora de inglés como segunda lengua, vive en Palo Alto y colabora con las actividades humanitarias que continúa desarrollando su madre. Su hija, Marta, es Médica Pediatra y con su esposo Alex Gorelik, vivió cuatro años en San Petersburgo organizando orfanatos para rescatar y rehabilitar a los miles niños abandonados que deambulan por las calles de esa gran metrópoli.

En 1998 crearon una fundación llamada “Voice of the Children”, que continúa adelantando importantes actividades humanitarias en Rusia y actualmente también en Cuba. Su hijo Andrés es un pastor protestante en Filadelfia y sirve como capellán del Esperanza Health Center que atiende las necesidades de salud y apoyo social de una población de cerca de 100.000 personas de origen latino.

En octubre del 2013 el Dr. Martin Hauer-Jensen, su gran amigo y admirador, escribió un artículo en Radiology (18) lamentando su desaparición y resumiendo en una frase lo que representó en el área de la Patología de la Radiación. Dicho obituario se tituló: Luis Felipe Fajardo L-G, The Gentle King of Radiation Pathology.

 

Recordando a Luis Felipe Fajardo

Otra visión de este importante médico colombiano la ofrece el Profesor y Académico José Félix Patiño Restrepo, quien ahonda un poco más en la Bogotá de sus años de juventud. Dice Patiño Restrepo:

Comenzaba el año 1945. Los recién graduados bachilleres ingresaban a la universidad. Los que habíamos pasado el riguroso examen de admisión a medicina en la Universidad Nacional de Colombia llegábamos plenos de entusiasmo y con la motivación genuina de haber adoptado un proyecto de vida que era servir a la gente y, tal vez lo más importante, entender qué es la vida y como se ubica sobre la tierra y en el universo, qué es la enfermedad y como ésta afecta al individuo y a la sociedad.

La Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, reconocida por su calidad académica y su producción científica, en aquella época ubicada en la calle 10, frente al Parque de los Mártires y a la Basílica del Voto Nacional, en un bello edificio que tenía un área verde con una gran fuente e imponentes pabellones donde estaban ubicados el decanato, los salones de clase y los laboratorios, incluyendo el de anatomía, el sombrío y tétrico, pero legendario, “Anfiteatro de Anatomía”. También en uno de sus majestuosos salones se reunía la Academia Nacional de Medicina, una de las más antiguas de América, fundada en 1873 por profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional, entre ellos el doctor Nicolás Osorio, tal vez el primer médico colombiano graduado en la Sorbona en París, quien a su regreso fue rector –ese era el término que hoy llamamos decano- de la Facultad de Medicina, e implantó el modelo anatómico-clínico de la medicina francesa que habría de regir en nuestra Facultad hasta la reforma de los años 1960 cuando se cambió por el modelo biológico-social, o modelo Flexneriano, de la medicina norteamericana.

En Chapinero, muy cerca el uno del otro, residíamos tres de los nuevos estudiantes: Luis Felipe Fajardo Lobo-Guerrero, en la carrera 8 entre las calles 61 y 62, en una bella casa de un piso, cerca, a una cuadra y media, del Parque de la Sesenta, y Carlos Concha Díaz, también en una muy antigua casa de un piso, que todavía se conserva, ubicada frente a la esquina sur-oriental del Parque de la 60. Yo era el tercero, en la casa, recién construida, en la calle 59 con carrera 4ª en lo que era la urbanización Bosque Calderón Tejada, de la cual era dueño el doctor Mariano Ospina Pérez, quien sería presidente de la República en el agitado periodo 1946-1950.

También en Chapinero, pero un poco más al sur, en la calle 54 con la carrera 7ª residía Fernando Serpa Flórez, otro condiscípulo, brillante exponente de una paradigmática dinastía médica, y quien fuera dilecto amigo de Fajardo, y mío por herencia de la amistad de nuestros padres médicos.

Comenzaron las clases, y los de Chapinero pronto hicimos amistad muy cercana con tres condiscípulos: Adolfo De Francisco Zea (mi amigo de toda la vida dada la cercanía de nuestras familias), Gilberto Rueda Pérez, a quien pronto habríamos de apodar “el mudo” por su locuacidad -era realmente un verdadero parlanchín-, creo no equivocarme en que fue Luis Felipe Fajardo el autor del apodo, y Álvaro Ronderos Durán, quien luego de su grado viajó a los Estados Unidos a estudiar radiología y allá se quedó como profesor universitario hasta su muerte prematura.

Ese era el sexteto de amigos primíparos en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional. La amistad entre Luis Felipe Fajardo y Carlos Concha era muy estrecha por la vecindad de sus residencias.

Los alumnos universitarios estudiábamos paseando, caminando, al estilo peripatético del Liceo de Aristóteles. En griego peritêtiin significa pasear; aquello era lo usual por la época, y se veía a los estudiantes de medicina estudiar, generalmente en grupos de tres, uno leyendo en voz alta, caminando en el Parque de los Mártires, al frente de la Facultad, o a los tres de Chapinero en el Parque de la 60. Hoy nos parece extraña esa forma de estudiar, especialmente la anatomía, materia que tenía como texto la voluminosa obra de Testut y Latarjet, la cual se daba en los dos primeros años y era la más temida por la severidad de los profesores Cadena y Santacoloma.

Otra manera extraña de estudiar era en los cafés de la carrera 7ª hacia el norte de la Plaza de Bolívar. Tomando uno que otro tinto se estudiaba por largas horas, principalmente aquellos que residían en el centro de la ciudad. Pero es que la Facultad se cerraba al final de las clases de la tarde, incluida la biblioteca, que de verdad era minúscula, o sea, que la Facultad no ofrecía espacios adecuados para el estudio.

Hoy, en ocasiones, en los fines de semana me detengo en el Parque de la 60 y puedo conversar allí con el fantasma de mi amigo Luis Felipe Fajardo. En ocasiones también traigo a la memoria a Carlos Concha cuando contemplo su antigua casa, hoy convertida en una discoteca.

En el Parque de la 60 había árboles enormes que daban unas pepas grandes que nosotros recogíamos del suelo. Con su característica capacidad para hacer algo novedoso, Luis Felipe pronto con ellas fabricó pipas, muy refinadas, ¡y los peripatéticos entonces caminábamos fumando las pipas de Fajardo!

A dos cuadras al occidente del Parque está la carrera 13, que por entonces tenía líneas de tranvía. Haciendo un transbordo en el Parque de Santander, frente al demolido Hotel Granada, tomábamos el tranvía que nos dejaba en la puerta de la Facultad de la calle 10.

Así estudiamos y progresamos para llegar a los cursos clínicos en el benemérito Hospital San Juan de Dios. Cursábamos cuarto año cuando vino el 9 de abril de 1948. Recuerdo que nos dirigíamos a las clases de la tarde en el carro de mi padre, los tres de Chapinero con Gilberto Rueda y Álvaro Ronderos, cuando al llegar a San Victorino vimos a la gente correr y vociferar: ¡mataron a Gaitán! Pronto comenzaron los disparos y se empezó a ver el humo de los primeros incendios. Las gentes nos gritaban que nos alejáramos, pero decidimos ir a lo que entonces existían, los “centros de practicantes”, que eran manejados por estudiantes de medicina para prestar primeros auxilios y hacer consultas de urgencia. Uno de ellos, el más conocido, estaba ubicado en calle 16 un poco al oriente de la carrera 7ª. Allá llegamos con el ánimo de servir, pero pronto percibimos el caos que se apoderaba de la ciudad, y los de Chapinero, temiendo más por la seguridad del carro de mi padre que la propia, salimos hacia nuestras residencias. Recuerdo que Gilberto Rueda se quedó allí y vivió de cerca el terrible “bogotazo” cuando estaba reunida en la ciudad la Conferencia Panamericana, la cual tuvo que trasladarse a sesionar en el Gimnasio Moderno, en la calle 74 en el norte de la ciudad.

El 9 de abril cambió mi vida. Ante el cierre de la Universidad Nacional, transferí a la Universidad de Yale en ese año 1948, y allí en 1952 obtuve el grado de médico y en 1858 el de especialista como cirujano.

En Yale ocurre la segunda fase de mi amistad con Luis Felipe Fajardo. Era el año 1955 y yo cursaba mi residencia de cirugía y Luis Felipe rotaba por Patología como parte de su educación de posgrado. Fue realmente muy grato estar juntos de nuevo, y en marzo de 1955 decidimos viajar a la Clínica Mayo manejando mi carro Ford para ver cómo se hacían allá las cosas, en contraste con el modelo muy propio de Yale que había instaurado el decano Wilton C. Winternitz (fue decano entre 1920 y 1935), quien luego fue muy respetado profesor de Patología y maestro de Fajardo.

Decidimos hacer escala en Chicago, donde hacía su residencia en cirugía del tórax nuestro viejo condiscípulo de la Nacional, Gilberto Rueda Pérez. Guardamos con cariño una fotografía tomada en el Museo de Ciencias de esa gran ciudad, en la cual aparecen los tres jóvenes estudiantes de posgrado que habían sido tan cercanos amigos en los años de la vieja Escuela de Medicina de la Nacional.

Luis Felipe y yo seguimos nuestro viaje, en medio de la nieve, hasta llegar a Rochester, donde nos recibieron con gran amabilidad y nos mostraron lo que quisimos. De regreso a New Haven, el domingo 26 de marzo en la noche encontré en mi casillero una invitación a la boda de mi exnovia, Blanca Osorio, el día 1 de abril, es decir dentro de una semana. De inmediato la llamé y le dije que se casaba, pero conmigo, y así ocurrió. Ella viajó a Nueva York y nuestra boda fue en la catedral de San Patricio el 1° de abril de 1955. Luis Felipe fue la primera persona a quien comuniqué mi decisión de romper su programada boda bogotana. ¡Cómo puedo olvidar ese viaje con Luis Felipe Fajardo a la Clínica Mayo!

Pasaron los años y Luis Felipe Fajardo pasó a ser docente en la Universidad de Stanford.

Luis Felipe Fajardo Lobo-Guerrero nació en Bogotá el 23 de enero de 1927 y murió en Palo Alto el 5 de julio de 2013. Nos llevábamos apenas 20 días de diferencia en las fechas de nacimiento. Luego de su formación como patólogo, parte de ella en Yale, fue nombrado Profesor Asistente en Stanford, donde ascendió por sus méritos científicos hasta llegar a ser Profesor Titular en 1984; en el año 2005 se retiró y fue nombrado Profesor Emérito.

Su gran contribución científica, realmente pionera, fue la radiobiología, el estudio y la demostración de las lesiones producidas por la irradiación en los tejidos sanos, siendo especialmente valioso su trabajo sobre las lesiones en el corazón. Pero también hizo estudios muy importantes sobre angiogénesis, hipertermia como terapia antitumoral y malaria cerebral experimental.

En su publicación pionera en Acta Médica Colombiana en 1982 (vol. 7 No. 5) escribió:

“Teóricamente, todas las células de los mamíferos pueden ser destruidas por radiaciones ionizantes. Pero la dosis requerida varía enormemente: menos de 30 rads son suficientes para matar algunas espermatogonias-B, en tanto que las plaquetas toleran dosis únicas de más de 8.000 rad. Las causas de esta variación en la radiosensibilidad están no solamente en la célula, sino en el medio que la rodea, en las características de la radiación usada, etc. Uno de los factores más importantes es la duración del ciclo reproductivo de cada célula. En general, si los demás factores son constantes, mientras más corto es su ciclo reproductivo más radiosensible es la célula... Las células hematopoyéticas son extremadamente radiosensibles. Dosis relativamente bajas de radiación corporal total (RCT) son fatales en 4 a 6 semanas debido a falla de la médula ósea … Se estima que la dosis única de radiación corporal total (RCT) capaz de producir la muerte en el 50% de los humanos que la reciban, en 60 días (DL 50/60) es: 360 rad, si los pacientes reciben sólo tratamiento mínimo; 510 rad, si se toman medidas adecuadas para evitar hemorragias e infecciones;1050 rad, si se toman medidas heroicas, tales como el trasplante de médula ósea. La RCT sólo ocurre en accidentes nucleares o guerra atómica.”

Aparte de sus más de 140 artículos en revistas indexadas, Luis Felipe editó dos importantes libros; uno es Radiation Pathology, el cual se ha convertido en la biblia de oncólogos y patólogos.

Durante los años de Stanford Luis Felipe se mantuvo en contacto y periódicamente me enviaba fotografías de sus vacaciones en las montañas con su querida familia. La última vez que lo ví fue cuando yo me encontraba hospitalizado en la Fundación Santa Fe de Bogotá, muy debilitado luego de haber pasado por cuidado intensivo; de esto hace unos 14 años. Él había venido a Bogotá y fue a mi habitación hospitalaria y tuvimos mucho que hablar y recordar. Le noté un temblor en la mano, a lo cual él se refirió como algo sin importancia, pero en realidad era el comienzo de su enfermedad.

Tuve el gusto de conocer a su esposa Lorela aquí en Bogotá, su compañera de toda la vida. Con ella tuvieron tres hijos, Ana Luisa, Marta y Andrés, y a su muerte tenía cuatro nietos.

Ahora sobrevivimos solo tres de los condiscípulos de la Facultad de Medicina de la Nacional, Gilberto Rueda Pérez, Adolfo De Francisco Zea y este académico que les habla; apesadumbrado al recordar a su amigo pero honrado por la oportunidad de hablar en este homenaje que la Academia Nacional de Medicina le rinde, por iniciativa del académico Hernando Sarasti. Fajardo fue uno de los académicos más distinguidos, y su nombre se engrandece con el correr de los años.

Referencias

1.  IV Congreso Latinoamericano de Anatomía Patológica, San Salvador, Diciembre 1963.
2.     Technique for the percutaneous needle biopsy of bone and bone marrow-L.F. Fajardo and H.Sarasti. Calif.Med.177:21-24, 1972
3.     Estudio microscópico del sedimento gástrico. L. F. Fajardo. Revista de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia 19:201-203,1950
4.     Pregnancy and Ac. globulin (Factor V) deficiency L. F. Fajardo and D. Silvert .Am. J. Obstet. Gynecol.74:909-914, 1957
5.     Distribution of blood antigens A B and D in the population of Bogotá (Analysis of 30.000 samples) L. F. Fajardo an Z.de Lavalle, Am. J. Phys, Anthrop.24:257-260,1966
6.     Platelet enlargement in malaria. L. F. Fajardo and S. Rao. Mil. Med 136:463-464, 1971
7.     Platelet abnormalities in malaria L. F. Fajardo.US Army Research and Development Command Report AD 771215, Sept.21, 1973
8.     Malarial parasites in mammalian platelets. L. F. Fajardo Nature 243:298-299, 1973
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Recibido: Septiembre 10, 2017
Aceptado: Septiembre 30, 2017

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